Introducción
Actualmente se sabe que nuestro organismo no puede ser considerado como una entidad sola, ya que convive y es regulado por trillones de microorganismos alojados en diversas partes del cuerpo. Una de las microbiotas habita justo en nuestra piel; es un ecosistema dinámico y complejo. Los microorganismos en la piel están en contacto estrecho con nuestras células, pero también mantienen una compleja comunicación entre sí y con sus contrapartes de otras microbiotas, como la intestinal.
¿Y por qué son importantes los microorganismos que nos habitan? Porque gracias a sus biomoléculas y complejas interacciones con su entorno hay un equilibrio bioquímico y fisiológico en nuestro organismo llamado normobiosis: el estado ideal de salud. Conocer los factores que mantienen o disturban la normobiosis es importante, ya que a partir de las perspectivas que esto nos ofrece se toman decisiones que impactan no sólo sobre la salud en general, sino también sobre la comunicación social y emocional.
La composición de la microbiota de piel se modifica a través de nuestra vida y hábitos; depende también de nuestro sexo, edad, enfermedades u otros factores relacionados con nosotros, directa o indirectamente. Entonces, está de más decir que el estado de la piel y su microbiota son claves para una salud óptima.
Identificar qué es la microbiota de la piel, considerando sus características, con la finalidad de reconocer las interacciones entre sus miembros y con el cuerpo humano.
Microbiota y microbioma
Al conjunto de microorganismos se le conoce como microbiota, mientras que el término microbioma se refiere al conjunto o total de genes que las poblaciones acumulan.
Esta distinción es importante, porque no sólo interesa saber qué especies están presentes, sino también considerar qué funciones son capaces de llevar a cabo, como producir compuestos que protegen el espacio anatómico del cuerpo, modular la respuesta inmune o combatir patógenos. En otras palabras, hablar del microbioma es hablar del “potencial funcional” del ecosistema que habita un nicho en particular.
La microbiota es un sistema complejo formado por millones de microorganismos —bacterias, hongos, virus, parásitos y arqueas— que viven en y sobre nuestro cuerpo, y desempeñan funciones protectoras, inmunológicas y regulatorias; interactúan constantemente entre ellos y con el cuerpo humano, manteniendo un equilibrio dinámico en el estado óptimo de la salud. Estas interacciones biológicas pueden adoptar diversas formas: algunas especies compiten entre sí (antagonismo), otras aprovechan oportunidades cuando las condiciones cambian (oportunismo), algunas conviven sin causar daño ni beneficio (comensalismo), y otras colaboran activamente para beneficiarse mutuamente (cooperación).
Estructura de la piel
La piel es nuestro órgano más grande y su superficie alcanza cerca de 2 m2; tiene un grosor de 1-3 mm y puede llegar a pesar 4 kg en un individuo de estatura y peso promedio. Una de las funciones más importantes de la piel es proteger al cuerpo de patógenos invasores; esto se logra a través de la organización y composición de capas altamente especializadas: la epidermis, dermis e hipodermis.
Revisa la siguiente tabla para que puedas ver con mayor detalle en qué consiste cada estructura de la piel.
Barrera protectora contra patógenos y deshidratación
Soporte estructural y elasticidad
Aislamiento térmico y reserva energética
Es la capa corporal más externa y es la primera barrera entre el resto del cuerpo y el exterior. Está compuesta por queratinocitos que, al descamar como corneocitos, alimentan a bacterias comensales, como Staphylococcus epidermidis. En esta capa también hay melanocitos (que protegen del daño UV) y células de Langerhans, que activan la respuesta inmune adaptativa.
Se ubica debajo de la epidermis y es más compleja; contiene glándulas sebáceas que producen sebo, fuente de energía para microorganismos, como la bacteria Cutibacterium acnes o el hongo levaduriforme Malassezia globosa, que ayudan a controlar patógenos. Alberga fibroblastos que modulan la inflamación (pasan de un perfil antiinflamatorio a uno proinflamatorio ante una lesión), mastocitos que liberan péptidos antimicrobianos (AMP) contra patógenos como Staphylococcus aureus, y vasos sanguíneos que aportan oxígeno y nutrientes, moldeando así la microbiota. Otras células del sistema inmunitario, como macrófagos, células dendríticas y diversos linfocitos T, residen en la dermis de manera permanente o llegan por los capilares para responder a señales de daño proveniente de células de la piel.
Es la capa más profunda y conecta la piel con los músculos y huesos. Contiene adipocitos que, aunque no tienen contacto externo, juegan un papel inmune importante al secretar adipocinas y AMP, que también contribuyen a la defensa contra patógenos.
Atributos físico-químicos de la piel
Se puede decir que la piel ocupa el primer lugar en cuanto a las interacciones con el medio exterior, por lo que actúa como una barrera física.
La piel junto con el cerebro son los responsables de la termorregulación y las percepciones sensoriales. La piel se encarga de controlar la pérdida de agua y mantiene diferentes microambientes fisicoquímicos en sus diferentes secciones, como el cuero cabelludo, las uñas u otros anexos.
Si la barrera física está rota, por ejemplo, a consecuencia de una cortadura, se forma una herida, misma que será reparada con acción de las células estructurales de la piel y del sistema inmune. La barrera puede ser alterada también por la entrada de parásitos, como el gusano “barrenador” de la mosca Dermatobia hominis, que causa miasis y altera la arquitectura de la piel, al romper uniones intercelulares y accediendo a la dermis. El daño físico puede permitir la entrada de alérgenos o sustancias químicas dañinas. Las heridas en la piel pueden desarrollar complicaciones y convertirse en patologías crónicas, como la úlcera diabética.
La composición química de la piel es agua, que determina humedad del estrato córneo, minerales (Na, K, Ca, etc.), carbohidratos (glucosa), lípidos (colesterol, ceramidas, ácidos grasos), así como proteínas (colágeno, queratina) y enzimas (proteasas). Muchos de estos elementos son producidos tanto por nuestras células como por los miembros de la microbiota, y permiten mantener el equilibrio y salud de la piel como una barrera química.
- La gama de elementos y factores externos que afectan la piel incluyen la luz UV, el viento, temperatura, cremas, tabaco, entre otros. Los rayos UV, igual como temperaturas por arriba de 90 oC pueden producir quemaduras e inflamación en la piel; la disminución del sebo o lípidos puede causar cambios en el pH y mostrar indicios de resequedad y abrasión.
Microbiota regionalizada de la piel
Las interacciones dinámicas y complejas ocurren entre los habitantes microscópicos inmediatos de la piel y las propias células de este órgano.
La piel tiene 12 secciones, distribuidas en tres zonas corporales con microambientes sebáceo, seco o húmedo, y con microbiota nicho-específica, en donde predominan ciertas rutas metabólicas distintas.
En general, en cada persona sana, independientemente de estas demarcaciones o nichos, se observa heterogeneidad en la diversidad de la microbiota, aunque suele predominar la presencia de representantes de los phyla Actinobacteria, Bacteroidetes, Firmicutes y Proteobacteria. Lo mismo se observa en el intestino, un órgano también ligado orgánicamente a su microbiota.
El principal taxón microbiano residente son las bacterias, representado por alrededor de 200 géneros y densidades de 10⁴ a 10⁶ UFC/cm² en cultivos tradicionales.
En las zonas más húmedas del cuerpo, como las ingles, axilas y fosas nasales, se alberga la mayor cantidad de bacterias y hongos. Esto sucede de forma similar en las zonas ricas en glándulas sebáceas, como el cuero cabelludo, la frente y alrededor de las orejas.
Poco se conoce acerca de los virus que se encuentran en la piel; los más conocidos son bacteriófagos y se considera que regulan las poblaciones de bacterias comensales, pero también pueden integrarse en el genoma de bacterias comensales y transferirles elementos, lo cual los convierte en oportunistas.
¿Sabías que…?
La microbiota de humanos es muy distinta a la de los animales, aunque la convivencia entre ambos puede hacer que la composición de la microbiota se haga muy parecida.
La microbiota intestinal depende mucho menos de la topología del tracto intestinal, que tiene menor número de secciones, en comparación con las de la piel.
El microecosistema en la piel sana
Al igual que en un ecosistema clásico, los elementos que constituyen la microbiota cutánea se disponen y actúan en función de sus necesidades metabólicas y reproductivas, por lo que las relaciones entre los microorganismos son complejas y se definen por sus genes, las fuentes de nutrientes, el tipo de hábitat que cada especie ocupa, etc.
Los fibroblastos, células dendríticas, macrófagos, linfocitos, mastocitos y adipocitos, ejerciendo un papel inmunitario importante y la estructura cutánea misma, forman una barrera biológica responsable de mantener el equilibrio entre los residentes comensales y los patógenos ambientales.
Cuando los componentes de este sistema se encuentran balanceados, el estado de la piel se considera “sano” o normal.
Ejemplos:
- Las glándulas sebáceas ofrecen un ambiente óptimo para bacterias anaerobias facultativas, como Cutibacterium acnes. Estas bacterias comensales degradan (descomponen o rompen) los triglicéridos del sebo en ácidos grasos y glicerol, a través de la liberación de lipasas y los utilizan como fuente de energía. Los ácidos grasos libres, a su vez, disminuyen el pH de la zona, creando un hábitat hostil para bacterias patógenas, como Staphylococcus aureus.
- Staphylococcus epidermidis es otra especie comensal que se alimenta principalmente de glicerol y ácidos grasos, que otras bacterias, como C. acnes, producen al descomponer el sebo. Este microorganismo posee un mecanismo de defensa directo, al producir AMP que dificultan la colonización y el crecimiento de patógenos; un ejemplo de competencia por interferencia.
- Malassezia es un género de levaduras que habita de manera natural en zonas de la piel ricas en sebo. Estas levaduras utilizan los lípidos como fuente de energía y, en el proceso, liberan metabolitos que actúan como señales químicas para los queratinocitos. Dichas señales estimulan la producción de AMP y citocinas, que mantienen la inmunidad local en equilibrio. Así, los hongos contribuyen a la normobiosis cutánea, al reforzar la vigilancia inmunológica sin causar inflamación excesiva.
Las bacterias del género Staphylococcus se autorregulan entre sí, produciendo sustancias antimicrobianas que dañan la membrana de cocos, como S. aureus. Entre éstas hay enzimas y AMP, como lungdunina o lantibiótico, modulinas llamadas PSM.
Disbiosis
Mientras que una microbiota equilibrada contribuye a la salud del sistema, una perturbación en el balance estructural y funcional puede llevar a un estado llamado disbiosis.
La disbiosis representa el desequilibrio y las reacciones en cadena que se manifiestan a raíz de un factor, que altera las poblaciones microbianas, no sólo como posible causante de enfermedades cutáneas —como la dermatitis atópica o la psoriasis—, sino que puede tener repercusiones sistémicas. En algunos casos, la inflamación persistente originada en la piel se asocia con la manifestación de enfermedades cardiovasculares, intestinales y hasta mentales, mostrando cómo estos desequilibrios locales pueden reflejarse en la salud general del organismo.
Dependiendo de la causa y la zona en donde se desencadena la disbiosis, se manifiestan los síntomas, que se explican, principalmente, por el sobrecrecimiento de una población, que en normobiosis se considera benéfica o comensal; o bien, por la disminución de alguna de estas poblaciones, permitiendo la proliferación de grupos invasores patógenos.
Ejemplos:
- El acné es una condición ligada a ciertas cepas de C. acnes, que viven cerca de glándulas sebáceas y también degradan el sebo; sin embargo, es un reto distinguir entre cepas asociadas a la enfermedad o a la salud, y encontrar el tratamiento óptimo. Hipotéticamente, se supone que hay exceso en la síntesis de triglicéridos y ácidos grasos en el sebo, que propician el sobrecrecimiento de C. acnes y una supresión de otras especies.
- Un ejemplo de disbiosis causada por un comensal que se vuelve patógeno, es la infección por S. epidermidis. En condiciones normales, esta bacteria contribuye a la defensa cutánea al producir AMP y mantener un ambiente ácido; sin embargo, ante heridas, inmunosupresión o la presencia de catéteres y prótesis, puede volverse oportunista. En estos casos, expresa adhesinas que le permiten adherirse a superficies y formar biopelículas resistentes a los antibióticos. La capacidad de adherencia convierte esta bacteria en una de las principales causas de endocarditis en pacientes hospitalizados y recién nacidos.
- Aunque la psoriasis se asocia con lesiones en la piel, es una enfermedad inflamatoria sistémica. En las lesiones se han encontrado grandes cantidades de especies de Staphylococcus y Streptococcus, mientras que S. epidermidis y C. acnes están disminuidas. También hay evidencia de actividad de microbiota viral sin respuestas claras asociadas a los microorganismos.
Si no se controla la población de S. aureus, esta bacteria puede transitar desde el estado comensal al oportunismo, y agruparse en colonias compuestas de miles de individuos en lesiones crónicas, como las úlceras. Estas agrupaciones o biopelículas son muy difíciles de “romper” y son consideradas como factor de virulencia de bacterias.
La microbiota de la piel a través del curso de la vida
En los primeros días de vida, la composición de la microbiota está influenciada por el método de nacimiento (parto vaginal o cesárea); sin embargo, con el transcurso del tiempo, estas diferencias tienden a atenuarse y la diversidad microbiana de la piel converge hacia patrones más similares. Conforme el cuerpo va colonizándose por los diversos microorganismos, las células del sistema inmune aprenden a tolerar su presencia; es decir, el sistema inmunológico aprende y distingue entre los “buenos” y “malos” microorganismos, sin iniciar la respuesta inflamatoria cuando se trata de los primeros.
Si bien una parte de nuestra microbiota tiene origen genético (propensiones hereditarias y etnicidad), nuestra historia de vida y las condiciones cotidianas a las que nos sometemos modifican la microbiota, favoreciendo o perjudicando ciertas poblaciones que habitan la piel. El avance de la edad o ciertas condiciones de salud, como la diabetes tipo 2 o alergias, pueden impulsar cambios significativos en la funcionalidad y la arquitectura de la piel, debido al comportamiento de los microorganismos comensales o a la llegada de patógenos externos.
Factores que tienen que ver con el estilo de vida, como la dieta, higiene, actividades laborales, y factores del propio cuerpo, como la edad o el sexo, pueden tener impacto en la tolerancia del sistema inmunológico hacia la microbiota comensal y determinar el estatus saludable de la piel o alguna enfermedad.
En la siguiente imagen se muestran algunos ejemplos de modificaciones que sufre la microbiota en función del medio exterior, asociadas a la actividad biológica del cuerpo.
A continuación, revisa la siguiente tabla, en la que se explican algunas situaciones que están relacionadas con lo que se sabe de la microbiota de la piel.
Conclusión
La microbiota humana es muchas veces desconocida y enigmática, llena de interacciones fascinantes que no sólo impactan sobre la salud, sino que conocerlas alimenta la curiosidad y nos da una visión más holística de lo que significa ser un “holobionte humano”: un sistema compuesto por el propio cuerpo y millones de organismos que lo habitan. Como holobiontes nos encontramos siempre en un dinamismo y somos propensos a desequilibrios, los cuales sólo pueden ser abordados desde los principios que consideran al organismo como un sofisticado ecosistema.
Actividad. ¿Qué aprendí acerca de la microbiota?
Conocer la microbiota sirve para identificar cómo influye en la salud; sus componentes y simbiontes participan en un microecosistema que debe mantenerse en equilibrio para generar un estado saludable, no sólo en la piel, sino en gran parte del organismo. Es importante reconocer su dinámica, para identificar cómo y cuáles son los factores que impactan sobre dicho equilibrio.
Autoevaluación. ¿Sabes qué habita y compone tu piel?
Como ya sabes, la piel es la primera barrera de defensa de nuestro cuerpo y es un reflejo de la salud; es protectora, sensitiva, reguladora y adaptable; por eso es de suma importancia que conozcas con mayor detalle este maravilloso órgano.
Fuentes de información
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Cómo citar
López-Portillo, C. y Zurabian, R. (2026). La microbiota cutánea: lo que habita nuestra piel. Unidades de Apoyo para el Aprendizaje. CUAED/Facultad de Ciencias-UNAM. (Vínculo)
